El imperio alejandrino puso en crisis la conciencia ateniense: de pronto no estaban sólos, no eran el único pueblo culto del planeta; había otras culturas. Los filósofos cínicos se burlaban de la impostura de las virtudes ciudadanas devenidas en meras poses vacías. Propugnaban un regreso a la naturaleza, a la insolencia de una vida no atrapada en las normas ni en las trampas del poder.
El más célebre de los filósofos cínicos fue Diógenes de Sínope. De él, en su Vida de Filósofos Ilustres, cuenta Diógenes Laercio varias anécdotas.Una de ellas narra su encuentro con el mismísimo Alejandro. Diógenes estaba sentado al sol, a un costado del camino, viendo pasar los ejércitos de Alejandro. Este se acerca y le dice a Diógenes que le dará la mitad de su reino a cambio de la sabiduría, que pida lo que quiera. Diógenes lo mira y le pide que se corra, que le está tapando el sol. Alejandro se ofende y el diálogo, que es más extenso, acaba cuando Diógenes pregunta hacia dónde se dirigen tantas tropas.
Alejandro le dice que van a conquistar el mundo. Para qué?, pregunta Diógenes. Para descansar tranquilo, dice Alejandro. Diógenes responde: Yo estoy descansando tranquilo y tu me tapas el sol.

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