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Ellos esperan tu apoyo

Este blog pretende crear conciencia en la sociedad hacia proteger a las mascotas que por alguna razón fueron abandonadas por sus dueños.

Si por motivo de Solovíno uno solo logra un hogar , este espacio tiene su razón de ser.


sábado, 26 de junio de 2010

EL PERRO Y KAKASBAL



 El Perro y Kakasbal Un hombre era tan pobre que siempre estaba de mal humor y así no perdía la ocasión de maltratar a un infeliz perro que tenía. Kakasbal [espíritu del mal], que está en todo, vio que podía sacar partido de la inquina que seguramente el perro sentía contra su amo y así se le apareció y le dijo:
—Ven acá y dime qué te pasa, pues te veo triste.
—Cómo no he de estarlo si mi amo me pega cada vez que quiere— respondió el perro.
—Yo sé que es de malos sentimientos. ¿Por qué no lo abandonas?
-Es mi amo y debo serle fiel.
—Yo podría ayudarte a escapar.
—Por nada le dejaré.
—Nunca agradecerá tu fidelidad.
—No importa, le seré fiel.


Pero tanto insistió Kakasbal que el perro, por quitárselo de encima, le dijo:


—Creo que me has convencido; dime, ¿qué debo hacer?
—Entrégame tu alma.
—¿Y qué me darás a cambio?
—Lo que quieras.
—Dame un hueso por cada pelo de mi cuerpo.
-Acepto.
—Cuenta, pues...


Y Kakasbal se puso a contar los pelos del perro; pero cuando sus dedos llegaban a la cola, éste se acordó de la fidelidad que debía a su amo y pegó un salto y la cuenta se perdió.


—¿Por qué te mueves?— le preguntó Kakasbal.
—No puedo con las pulgas que me comen día y noche. Vuelve a empezar.


Cien veces Kakasbal empezó la cuenta y cien veces tuvo que interrumpirla porque el perro saltaba. Al fin Kakasbal dijo:


—No cuento más. Me has engañado; pero me has dado una lección. Ahora sé que es más fácil comprar el alma de un hombre que el alma de un perro.

miércoles, 23 de junio de 2010

Cuento infantil



El perro del establo




En un establo cerca de un gran pastizal vivían 30 vanidosas vacas y un pastor alemán. Todos los días las vacas muy seguras de que eran muy importantes para su dueño mecían sus colas mirándose largos ratos unas a otras antes de hacer caso al perro que animado daba de brincos para llevarlas a pastar.


Luego, sin mucha prisa, salían calmadas como haciendo favores, y pasito a paso iban a comer. El perro brincaba mostrando el camino, corriendo, ladrando, y diciendo a las vacas por donde llegar al gran pastizal. "Por aquí señoras! Por aquí!" . " Vamos, apúrense que ya es hora de llegar", ladraba el perrito, "Señoras en fila para cruzar el riachuelo". Las vacas miraban al perro con ojos de burla "Nosotras somos importantes, somos las vacas, damos leche a nuestro amo así que nosotras marcamos el paso, no este perro tonto que esta hecho de saltos, carreras y no da nada al amo".

Todos los días era lo mismo, las vacas miraban al perro desde lo alto, mientras el perro trataba de ordenarlas a su paso entre carreras, ladridos y animados saltos. Una noche, al llegar al establo, el perro agotado se echó al costado y escucho a las vacas burlarse de su trabajo, "Ese perro inútil cree que nos lleva y no sabe que nosotras lo llevamos hasta nuestro pasto ja, ja, ja ". Se reían haciendo escándalo "Quien necesita a ese perro flaco?" Esa noche, el perro se durmió llorando.


Al amanecer el perro decidió no seguir pastando a aquellas vacas vanidosas y se fue en busca de otros animales más agradecidos que reconocieran su trabajo. Cuando fue la hora de salir al pasto las vacas meneaban sus rabos esperando que llegara el perro flaco brincando y ladrando para salir de nuevo al campo, pero no escucharon ladridos ni vieron saltos. Solo se escuchaba al amo llamando "¡Tarzán!, ¡Tarzán!!! Donde estas?" Pasó la mañana y sus grandes estómagos comenzaron a rugir. Las vacas esperaban ya poder salir, pero vieron luego que el amo molesto sólo les traía heno. "Y que ha pasado de nuestro paseo?", decían las vacas mientras comían rumiando, "Es que el perro inútil se olvidó de nosotras que somos importantes, por seguir durmiendo?" y así las vacas pasaron el día burlándose, riéndose y criticando al perro.


Al día siguiente por no salir al campo las vacas vanidosas se estaban aburriendo, pero una vez más no escucharon los ladridos del inútil perro, solo vieron al amo trayéndoles heno, "Creo que hoy tampoco al campo saldremos", " Si creo que esos ricos pastos ya deben estar creciendo y nosotras aquí acaloradas nos quedaremos", decían las vacas mientras rumian su heno. En lo que quedaba de día, las vacas siguieron discutiendo, por quien tenía la culpa de la huída del perro "Es que fue tu culpa por no apurarte", "No, fue la tuya por no formar fila" " No, fue tuya por mojarte en el arroyuelo cuando veníamos de regreso" … Se culpaban unas a otras sin encontrar al responsable.


Pasó un día más y las vacas ya cansadas se resignaron a su encierro. A no salir al campo y a mugir su aburrimiento, cuando de pronto una de las vacas dijo con gran suspiro: "Extraño al perro", "Sí, yo extraño sus ladridos", " y yo sus saltos de contento", "y yo extraño el que nos pasee dando ordenes como de sargento", ".ah pero era bueno el perro, nos sacaba temprano sin importarle el frío, calor o la lluvia de invierno", " Sí, siempre pensó en nosotras y en nuestro alimento, en conseguirnos pasto y del más tierno". Y en ese tercer día las vacas entristecieron y no dieron leche pues de tristeza casi no comieron.


El jilguero del roble que crecía al costado del establo oyó los lamentos de las vacas tristes y fue a buscar al perro. Voló todo el día buscando y buscando y al final de la tarde encontró al perro, echado al costado de un hormiguero con el hocico picado y con cara triste. "Al fin te encuentro perro. Te he estado buscando por todo el campo" dijo el jilguero "¿Para que me buscabas? Preguntó el perro", "Para que vuelvas al establo" respondió el jilguero. "Allí no me necesitan!", respondió el perro. "Esas vacas vanidosas no me quieren ni respetan, y yo no quiero eso, por eso me fui a buscar otros rebaños. Fui donde las abejas, me picaron, y ni caso me hicieron, siguieron volando a las flores que quisieron; fui donde los patos traté de dirigirlos en el agua pero nadar es demasiado cansado para un perro; fui luego donde unos gusanos que encontré en un árbol, pero caminaban muy lento, y por más que yo ladrara, al día siguiente eran mariposas, salieron, volaron, y se fueron muy lejos. Ahora estoy aquí tratando de decirles a estas hormigas donde ir, pero pasaron sin mirarme, les ladre, les brinqué y solo esquivaron mi pata y siguieron adelante".


"Por eso debes regresar" dijo el jilguero, "las vacas están tristes, ya ni leche pueden dar desde que te fuiste", "ayer las escuché decir que te extrañaban y que si tu regresabas nunca más de ti se burlarían", "Eso dijeron?" se alegró el perro, y partió rumbo al establo, ladró y brincó, sin dejar de mover el rabo.


A la mañana siguiente las vacas escucharon los ladridos sonoros, se arreglaron temprano para salir al pasto, y el perro contento las llevó ladrando diciendo "Señoras, buen día, nos vamos al campo", se hicieron amigos y nunca más pelearon. Y el jilguero tranquilo pudo dormir sin burlas, sin culpas ni quejas en el roble al costado del establo.

domingo, 20 de junio de 2010

¿Y los gatos de Monsiváis?


By Claudia - Posted on 20 Junio 2010

Carlos Monsiváis adoró a los gatos. Tenía trece hasta el 24 de marzo, él me lo dijo.
Con su muerte, su familia está actuando en contra de los felinos.
En una llamada telefónica que ayer en la tarde tuve con una mujer , quien dijo llamarse Beatriz, para pedirle la custodia de los gatos, porque Monsiváis pertenecía a Gatos Olvidados A.C., me dijo: "ellos tuvieron la culpa de que él muriera".
-No es así, lea la información de los especialistas del Instituto de Enfermedades Respiratorias (INER) para que vea que la fibrosis pulmonar no es causada por los gatos.
-Molesta, respondió: ¡No es cierto! Ellos lo mataron.
- Volví a pedirle que nos de a los gatos., entonces respondió: "No. Hoy desaparecimos a la mitad...sí se les durmió... Sí, ya tomé la decisión: que se les duerma...Mañana se les dormirá a los que faltan".
-Le supliqué que no lo hiciera. Porque para el señor Monsiváis eran seres de enorme importancia en su vida.
-Entonces, dijo: no me quite el tiempo, y colgó.
Esta conversación muestra la prepotencia y la falta de respeto al señor Monsiváis. Seguramente si él supiera que los medios de comunicación y su familia están manejando información errónea a donde culpan a los gatos de su enfermedad, se molestaría mucho.
Por cierto, la última vez que estuve con Monsiváis en su casa, estaban tres de sus adorados gatos. Oginia atrás de él, fiel a él, Mito a un lado de él y Catástrofe en mis piernas, entró una mujer de su familia, y comenzó a gritar histérica: "Carlos, mira cuántos gatos están aquí, qué no ves que te hacen daño".
A esto Monsiváis respondió molesto: "Manuel dijo que no es por los gatos" (supongo que Manuel era su médico o algo similar). Al momento volteó a ver a sus asistentes y les preguntó afirmando: "¿verdad que dijo eso?"
A los gatos los amaba enormemente, él los había elegido como sus acompañantes. En una ocasión le comenté lo que su prima me dijo groseramente cuando iba a adoptar a quien después se llamaría Catástrofe. Primero me pidió perdón y dijo: "yo soy el dueño de la casa". Después en un mensaje electrónico me dijo: "nadie escoge a su familia"
Después de haber tenido la conversación con Beatriz, una reportera de La Jornada me informó que a su compañero de trabajo, Beatriz le dijo que los gatos los habían dado a un albergue.
Queremos saber qué les han hecho a los gatos. Señora Beatriz y su demás familia dejen de odiar a los gatos, si realmente querían al señor Carlos ¡no los maten! Lo único que queremos es tenerlos para buscarles hogar y vivan con personas que los amen y respeten. ¿Por qué se empeñan en matarlos?
pd. Hablando con la veterinaria quien sabemos que se ocupaba de atender a los gatos de Monsiváis me dijo que la semana pasada le llamaron para que "durmiera a Mito", uno de los gatos de Monsiváis. Después le dijeron que ya no fuera que ya lo habían llevado a otra parte, pero igual después dijeron que había muerto de manera natural.

miércoles, 16 de junio de 2010

Hachiko




Otro amigo fiel fue Hachiko, un perro de raza akita inu nacido en 1923 en la ciudad japonesa de Odate. Sin embargo, menos de un año más tarde su dueño, un profesor de agricultura llamado Hidesamuro Ueno, lo llevaría hasta Tokio. Allí Hachiko se acostumbraría a su vida citadina yendo todas las noches hasta la estación de trenes Shibuya para recibir a su dueño cuando éste llegaba del trabajo.

Por desgracia Ueno fallece en 1925 y nunca es llevado nuevamente a su casa, por lo que Hachiko queda abandonado en las calles. No obstante, durante 11 años volvería fielmente todas las noches a la estación de trenes, exactamente a la hora en la que arribaba el tren que solía tomar Ueno. Una vez frenado el tren Hachiko buscaba a su amo cuidadosamente entre la multitud y luego se retiraba.

Al cabo de unos años un antiguo alumno de Ueno, que se encontraba realizando un censo de akitas, se enteraría de la historia, y publicaría varias notas con la historia del perro fiel. Una de estas notas aparecería en el más importante periódico de Tokio. Gracias a esto Hachiko ganaría fama a nivel nacional y varias historias y poemas se escribirían al rededor de él. 


Sin embargo, más importante aun, Hachiko salvaría a su raza ya que solo quedaban 30 akitas puros en todo el Japón, y a partir de ese momento la demanda hizo que se preservaran cuidadosamente. 

Hoy en día la población de akitas supera los miles. Hachiko es además recordado con una estatua en la estación de Shibuya.

Kimba y Bethoven

Esta noticia llega desde la ciudad de La Banda, en la provincia de Santiago del Estero, Argentina. Una señora, Griselda More, se prestaba a tender la ropa que recién había lavado, en el patio de su casa. Al tocar el alambre sobre el que colgaría la ropa, éste le dió una fuerte descarga eléctrica, aparentemente estaba electrocutado por estar cerca de una conexión de luz.

Griselda More, con las manos húmedas, recibió esta fuerte descarga eléctrica y hubiera quedado electrocutada, sino fuera por sus perros, Kimba y Beethoven, los únicos que estaban en la casa con ella en ese momento.

“Salí a tender la ropa, ellos me acompañaron como siempre. En un momento toqué el alambre donde tiendo la ropa y recibí una descarga eléctrica. Quedé pegada. Los dos perros cuando me vieron comenzaron a ladrarme y a dar vueltas alrededor mío", relata Griselda al diario argentino Panorama. Entonces, los dos perros, Kimba y Beethoven comenzaron a empujarla a su dueña para liberarla de la descarga eléctrica.

En ese momento, Kimba recibe una fuerte descarga y su corazón no resiste. Muere en el intento de salvar a su dueña. Pero Beethoven no se amilanó. Saltó sobre Griselda, poniéndole las patas en el pecho para así hacer más fuerza y logró finalmente tirarla al piso.

"El alambre se cortó y me cayó en la panza, yo estaba en el piso pero seguía recibiendo descargas", cuenta Griselda que aún no había terminado el peligro.

Entonces Beethoven arrastra a su dueña, alejándola de los cables electrocutados, hasta que finalmente ella quedó fuera de peligro y le salva la vida.

Con las piernas entumecidas Griselda se arrastró hasta la vereda, donde un vecino la socorrió llamando a la ambulancia y a los bomberos.

“Si no fuera por Beethoven, que no se dio por vencido, me moría”, asegura Griselda. "Gracias a Dios lo estamos contando, es increíble que el perro le haya salvado la vida a la señora", reflexiona el vecino que la ayudó.

Beethoven (que es cruza de PitBull y Rottweiler) "es un perro cariñoso, juguetón... y bruto. Pero yo le hago caricias y él me deja hacer las cosas. Mi otro perrito no era de raza, quizás por eso no soporto la electricidad", cuenta Griselda sobre sus dos mascotas, que le salvaron la vida, inclusive perdiendo la suya una de ellas.

Un acto heroico, que bien vale contar y es una de las muy buenas noticias del día, pese a la triste noticia de la muerte de Kimba